En abril y diciembre


Mientras respiro el aliento del misterio, mis sucesivas fantasías avasallan mi interior fundando reinos y mis sentimientos eligen el material a fundir.

En la cartera de prioridades están tanto las del corazón como las de las mente y ambas fortalecidas se golpean entre si buscando prioridad.


Mi orgullo y mi aura, cambiantes, en sucesiva exploración, esperan un merecido descanso, en cierta forma estar conformes.

Mientras el tiempo sucede, mis escenas a observar dan cuenta de grandes cambios, es hora de emprender el viaje, el cual es necesario, no solo por mi alma viajera, si no porque el destino la llamó.

Sin duda que las raíces, algunas secas y otras vigorosas en las cuales me mezo y a veces también salto, rasguñan y presionan haciendo nacer la duda y el miedo;
pero un espíritu joven y mi arma empuñada, son los que tienen a mi ejercito de deseos y sueños esperando aquel día.

Entre abril y diciembre meses lejanos, llenos de vida, misteriosos si se quieren, esta la línea que divide el corazón y el alma.
Mientras recorro sus caminos, me doy cuenta que las noches son más heladas, pero que su dulzor nunca fue más dulce.
Posado en junio, los misterios son más grandes;

pero solo puedo esperar para emprender ese vuelo que siempre he esperado.