Café con leche


Era tarde a eso de las nueve, hacía frió y las ventanas estaban empañadas. 
Una hoguera calentaba con sonadores leños y brotaban lucecillas voladoras de poca vida.
Me puse de frente a calentar mis manos y llegó Tiburón, un perro que encontré más allá del río tiritando un día como este. 

Recuerdo que tiburón era flaco y caminaba a duras penas, por un minuto pensé que el pobre animal moriría en mis brazos.
También recuerdo que la primera vez que lo acaricié sus ojos me miraron extraños, 
que la primera vez que le di agua en un posillo de plástico este lo dio vuelta y tomo agua del suelo, 
y que el primer pedazo de pan que le di, no se lo comió.

Un café con leche y un buen libro pensé antes de dormir.
Golpearon la puerta y Tiburón como acostumbraba se puso a ladrar.

-Soy el lechero, Don Jaime.
 
-¿Como está Don Jaime? 
hace un frió y menos mal que no son dos.
-Si señor, bueno como dicen por ahí, cada vez está más helado,acá están sus dos litros de leche, como siempre.

-Que ésta vez sean tres litros, le dije.
Esa noche recuerdo que apagué la luz que iluminaba mi habitación y apenas me pude quedar dormido, me vinieron ideas que golpearon mis sueños.
Pensé en Tiburón y en que hubiera pasado en mi vida, si nunca lo hubiera conocido.

Esa noche los tres litros de leche fueron disfrutados como si fueran los últimos y Jaime el lechero compartió junto conmigo ricas tazas de café con leche caliente,
mientras Tiburón disfrutaba hasta la última gota de leche de su posillo. 
 
El día que conocí a Tiburón recuerdo que este movió su cola, pedía a gritos compañía.
Le puse Tiburón porque este atravesó el río como sabiendo su destino y se lanzó nadando como cual tiburón. 

A veces me pregunto que gesto fué el que vió Tiburón en mi que se acercó con tal confianza,
por un minuto recuerdo, que pensé en lanzarme si a este se lo llevase el rió. 
 
Antes de la última pestañada siento como Tiburón duerme y me pregunto que estará soñando en éste momento,que pensará.
Es increíble como el ser feliz está en pequeños detalles y como es de fácil hacer nacer una sonrisa cuando se está dispuesto. 
 
De lo que estoy seguro, es que a Tiburón le encanta la leche, y que no hay nada más grato que llegar a casa y tomarse una rica taza de café con leche mientras éste disfruta hasta la ultima gota de leche de su posillo.

Se que no me equivoco al pensarlo y que me espera ansioso a eso de las nueve.
Tiburón sigue moviendo su cola, como la primera vez.

¿Quién es el culpable?


Y pensaste que venía andando, gateando, escudriñando las piedras, 
mientras los laureles pasajeros cumplen rutas traicioneras.
Es que los ojos bien puestos son lumbres por la noche y una mente galopante e irisada seca el frío de una noche, pero nunca apaga las velas. 
Mil destinos en carretas, 
mientras agujeros arrogados por caminos bien vistos son zancadillas por la espalda.
¿Qué sacas con derramar lágrimas en vestidos de seda?, 
si por dentro estás desnudo y se cuelan resbalando haciendo heridas. 
Palomas del palomar que secas del frío vuelan buscando el sol, 
yo seco de histeria te miro prisionero y me entrego a tu andar.
Amándote hasta las uñas y goloso en mi querer persigo como un niño mi destino, 
secando mis manos en fuego lento despierto entre los ojos sin calor y sin los leños. 
Perdido entre la lluvia y tapando el cielo con la sombra lejanía, 
me escondo entre aturdido por las rebeldías de la vida. 
Acunarme en el cielo, en el olimpo y en la tierra, saciándome de triunfos como a la sed de un montañero. 
Y en rebeldía la vida,
porque te persigo y me muerdo hasta los pelos, 
es que cuando más yo te quiero,
tú me haces caer en vuelo. 
Sin entender no pretendo morir y del vivir destinado hasta mí entierro, 
si cruzo los dedos por lo que viene es porque te ocultas en el misterio,
si cierro los ojos y te presiento vida,
eres un dulzor del dulce que logras tu amargura por la costumbre que me enreda y me enreda. 
Me pregunto,
¿Quién es el culpable? 
de la tristeza enorme, de mis ojos en agua y me duele tanto que me duele el alma. 
Como un perfecto idiota espero con el corazón,
pero éste también hiere,
¿Quién es el culpable?
y con la pena abierta lo digo,
que del ser feliz me desdigo. 
Dichoso seré un día en camino placentero espero,
no pierdo la fe y mientras no pierdo los sueños,
pasa el mundo y no me entero. 
Algunos invitan, otros reniegan, otros acusan, otros viven,
algunos sentimos,
y mientras caemos nos recogemos.
Nos ordenamos, nos inquietamos,
y mientras más nos preguntamos, 
nos quedamos cautivos sin respuesta más que el olvido. 
Me quedaré sentado digamos y cada vez más aislado, 
pero mecido entre guitarras y rancheras, 
entre mis ángeles y mis letras.
 

Corazones Prisioneros


Allá va prisionero y cerca del riachuelo se ven sus lagrimas caer, 
nuevamente el amor es el que llama, 
como llaman las flores al agua y como llama la sed. 

Si de la luna nace la noche y del sol el día vez,
que pasa con el desconsuelo de un amor no correspondido y un corazón hundido al anochecer. 
Allá va prisionero y cerca del riachuelo se puede ver, como arrastra su orgullo y lo deja caer, 
sus lagrimas son heridas que fácilmente se pueden ver.

Las sombras de la noche son retardos que no siempre podemos entender, 
que pasa con el delito de dejar un corazón herido y resignarse al no entender.

Allá va prisionero y cerca del riachuelo derrama lágrimas que se pierden con el tiempo, 
¿Será que el amor se lo lleva el viento y que con su silbar pretende sanar su mal de amar?

Los cerros se ven lejos y con los deseos los podemos tocar, 
como no dejar que nazca la esperanza de un corazón desinflado, 
que siente todo arruinado, 
pero que grita imposible olvidar.

Allá va prisionero y cerca del riachuelo se cae al suelo, se retuerce desconsolado mientras rosas amigables le hacen perder la razón, 
y cuidado que hay espinas que te abren las heridas que parecen amigables pero esconden el rencor.

Las lagunas traicioneras, 
del sediento acorazonado, 
que ha dejado impregnado la vida del mentir, 
corazones entregados tan desnudos amigables que se pudren implacables y que no quieren sentir. 
Allá va prisionero y cerca del riachuelo va decidido a olvidar, 
quiere dejar sus cadenas librarse de la pena y ponerse a respirar, 
si se ahoga es por tristeza que nació del recordar. 
Sueños de amor son del amanecer y son del oscurecer, los corazones nunca olvidan y son radiografías del sentir, 
son desequilibrados, llorones y tan tercos, 
pero están llenos en su centro del amor. 

Allá va prisionero y cerca del riachuelo se puede ver, nunca estuvo solo, 
hay botados, desinflados, hinchados, mentironcillos, resignados, enamorados y hay hay algunos juguetones, pero todos están en orden enfilados esperando encontrar su par.
Corazones prisioneros son por amor o por soledad, 
si existe un corazón solo hay uno siempre buscándolo consolar, 
se dice que del buscar y del buscar es mejor el esperar, no olvidemos que el corazón también necesita su madurar,
y que del amar y del amar,
hay miles de historias que contar.