A ella le gusta el bailoteo, las luces y no le importa el que dirán


A ella le gusta el bailoteo, las luces y no le importa el que dirán. Tararea una canción de vallenato y llama todos los días a sus hijos que nacieron del viento, de un amor adolescente adormecido por la madurez. 

A ella le gusta vestir de marca, oler del dulce perfume extranjero refinado y por las noches a eso de las seis también llora porque no entiende su sufrir. 

Ella tiene nombres para algunos y nombres para otros, a pocos se entrega, digamos a ninguno, sueña con una casa donde poder ser libre, sueña con un hombre que la quiera por lo que es, que la entienda que del querer y del necesitar prefiere segar los ojos por los que quiere. 

Sus ojos son dos grandes mares celestes, tiene una mirada de niña perdida que pide a gritos otra oportunidad, su cuerpo pintado de café tostado con miel mantiene elegantes curvaturas adolescentes pulidas por los 20 años que dice tener.

Pronto llegara el invierno y esta viajera de cuerpos, volverá a su hogar, traerá regalos y mil novedades en sus maletas, pero prefiere dejar bien lejos los recuerdos de cada noche solitaria, en donde el dinero era el hablar, en donde encamada con quien sabe quien mendigo sexual vendía su cuerpo, su vergüenza y su moral. 

Ya ha compadro sus pasajes de vuelta, sabe que sus hijos que son como sus ojos desean verla, ella también lo desea. Su madre también la extraña y a ella solo le quedan fuerzas para esperarla, cuidar de sus nietos y descansar en paz. 

Quedan solo 2 semanas y en cada puerta hay vida, en cada puerta hay hijos, recuerdos, sueños.
También en cada puerta hay una mujer sola, una mujer que necesita, una mujer infeliz, por lo mismo si en cada puerta hay una mujer, también hay un hombre que paga sus servicios, que paga por ser escuchado, que paga por el bailoteo, por el cuerpo y el tanteo, en cada puerta de este hogar hay una historia pagada con lujuria y sin penurias.

Quedan solo 2 semanas y sus ojos al mar son tan celestes aún, sueña mirando al sol poder sentir el calor de sus hijos, de su madre, su familia y su país. 
Ella viajo en busca de dinero, en busca de darles a los quiere un buen pasar, probablemente esta pagando errores del pasado o esta pagando errores el presente.
Sabe muy bien que la plata fácil trae tiempos difíciles y sabe que todo es transable menos su alma, su interior, porque ella es una actriz de la noche, es una reina de las luces bailarinas.
Que más le queda si vivir lo que le ha tocado y viajar pronto para llegar a casa, desde que llego lo sueña con ansias, pero sabe ante todo como absorbe el dinero y la necesidad.
Una vez se enamoro de un tipo perdido, viajero en busca del camino perfecto, el era rubio, blanco como los picos de los andes en el sur y pailón de ojos verdes azulados.
La primera vez que se vieron se gustaron de inmediato, esa noche el pago sus servicios y ella entrego hasta el corazón, quedaron de acuerdo un día martes de sol, tomarse de la mano y salir en busca juntos de un camino mejor.
Ella espero hasta que se oscureciera y el nunca apareció, dejando si por alguna vez la oportunidad al corazón de ser quien es, botada, ya que en este trabajo aunque el sentir esta flor de piel, es mejor olvidarlos y guardarlos.
El peinatazo de lado con gel azul, las camisas nuevas, los pantalones planchados, los zapatos con buen lustre y carteles diciendo su nombre la esperan.
Una madre acongojada del tiempo extraviado y unos hijos ganosos del pecho de madre también. 
Ella viste de falda, de sombrero y lentes grandes, lleva pelo de oro y tacones de punta afilando sus pasos, tirita cada vez más que estos la acercan, los lentes esconden algunas lágrimas con falta de aire, que son de alegría y son de esperanza.

Esa tarde llego a sus país dejando el invierno, dejando su pasado, poniéndole candado al que dirán, y con una sonrisa parecida a bandera orgullosa de si misma flameando de alegría volvió a su hogar. 
Sus hijos, su madre, su familia y su país la esperan con los brazos abiertos, ella solo tuvo fuerzas para entregarse y caerse en lágrimas.