Las ventanas


Las ventanas son como cuadros y son como cuadros para el hogar,
están pegadas sobre murallas, algunas cuadradas, otras redondas, 
de mil formas son las ventanas. 
Algunas no llevan vidrios y otras se vetan al mirar vergonzosas,
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
Las ventanas dejan ver al ser querido que saluda de lo lejos,
también muestran la lluvia, el sol, la luna y las estrellas.
Las ventanas son cuadros en movimiento y son poco reconocidas las ventanas, pobres sucias y empañadas, 
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
Hay ventanas mañaneras que saludan al amanecer y el sol les avisa cuando este despierta,
hay otras dormilonas que saludan por la tarde y el sol se les despide con el alba.
Hay ventanas solitarias y también ventanas mal cuidadas, pero no hay ventana que no quiera ver,
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
 
Hay ventanas que son ciegas que nacieron para nunca despertar,
hay otras más afortunadas, que son testigos y pasajes para el pensar.
Las ventanas dan milagros y el pie perfecto para los sueños y la reflexión,
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
Las ventanas cuando están abiertas, invitan,
cuando estas están cerradas esperan la invitación.
Hay ventanas que bailan con el viento y se golpean llamando la atención,
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
Las ventanas también lloran y lloran porque las ventanas son los ojos,
hay ventanas familiares que se sientan a la mesa.
Hay otras que tienen el don de escuchar y prestar el hombro,
hay ventanas ancianas que llaman al recuerdo y suspiran el olvido, 
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
Hay ventanas que miran a otras ventanas y se coquetean de lo lejos,
hay otras que miran por la espalda de los cerros y otras que se bañan con la brisa del mar.
Hay ventanas que son amigas, te abrazan, te despiertan y te levantan,
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
Las ventanas son el arte del más puro movimiento de los colores,
las ventanas piden respeto, las ventanas respiran y exhalan.
Las ventanas tienen vida y te miran de frente,
en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar.
Y si en las ventanas ocurre una obra de arte para el mirar,
¿Por qué se cierran las ventanas? 
Si es como taparle los ojos al hogar.
 
Entre el acá y el allá están las ventanas simplemente esperando,
a estas les sobra la paciencia.

Extraviado con queso parmesano


Fué ese día cuando se me extravió y no me olvido si hasta mi mente lo busca, lo busca por aquel rincón, por allá en lo alto; también lo busca por debajo y también lo busca por entremedio.
 
Ese día, la ventanita abierta y el cortinaje a media asta me hizo despertar en rayos, y en rayos y centellas fué cuando abrí los ojos y me di cuenta que éste se me había extraviado.
 
Desde ese día, mi extravío y mi cabeza loca juegan a tropezarse, se caen y se revuelcan, se paran y se vuelven a caer, se quedan por un buen ratito sobre el suelo los perezosos y yo cansado para esperarlos me voy en sueño.
 
Si en los sueños me dejo invadir, me acuerdo de mi extravío y corro por todos lados como si me persiguiesen buscándolo, y como un chiste de mal gusto me vuelvo a dormir.
 
Es la misma locura y mi extravío lo que me tienen enredado y buscando el inicio, así como lo hace un tallarín más en una olla con salsa de carne y tomates rojos maduros sin pelar.
 
Es en el mismísimo momento donde me acuerdo de echar la sal, quien habría imaginado que lo extraviado era la sal, pero con un conchito de aceite de pepa de uva y queso parmesano rallado que no puede faltar.
 
Y obviamente el plato tampoco puede faltar, y que se me había extraviado si ya no logro ni comprender, mas me quedo sin habla con los ojos englobados y me pongo nuevamente a recordar, ¿No será que lo extraviado es mi pensar?.
 
La cabeza loca y aún a los tallarines le falta un poco de sal, y también falta un poco de agua para coimear al alimento, y hay que estar atento con el ahogo, bueno, eso pasa por no saborear, ni menos darse el febril gustazo de degustar. 
 
Encontrando lo extraviado he hilando más que fino, le saco brillo hasta la tierra y me doy cuenta que mientras recupero también extravío.
 
Los tallarines servidos sin salsa también son gustosos y más buenos si son con queso, ojo que también los he comido sin queso y he quedado mostrando el ombligo.
 
Entre medias y postrado, recuperando o extraviando, con salsa o con queso, despertando o durmiendo, con sal o sin sal, sigo imperioso tratando de recordar lo que había extraviado.
 
Al final de cuentas la vida y los tallarines también se te enredan, falte lo que falte la necesidad no se olvida y así como se extravían cosas en la vida, también se olvida la sal. 
 
Muy importante antes de empezar el festín es el no auto extraviarse, que aunque la cabeza sea loca nunca
olvidar donde se deja, porque todo se extravía y no todo se recupera, mucho menos un plato de tallarines.