Gracias por volar con nosotros


Dónde dormirán las nubes se pregunto, y este desde arriba de ellas las observaba como quien observa su vida, quieto pero como relámpago, atento pero soñador. 
Imaginó de ellas el mejor colchón para la mejor siesta, el algodón de azúcar más sabroso y grande que sus labios de niño jamás algún día probaron, alfombras voladoras con viajes interminables por tierras al descubrir, escondites secretos, refugios personales, boletos a la reflexión; 
En fin, la infinidad de formas, colores y eventos mágicos permitían ponerse en el caso que la imaginación quisiese.

Al pasar el rato también miro entre ellas como tratando de ver más allá, así como buscando un término, un vacio o simplemente algo que observar entre ellas, pero su vista solo le permitía ver hasta ahí. 

Se sintió un poco frustrado quedando mudo, abriendo y cerrando los ojos como haciendo el ejercicio del renacer visual.
Quieto por el paisaje se detuvo en las formas, de las formas llego a los ángulos y de ellos a los puntos, con esto disfruto de los detalles.
Esforzó aun más las vista hasta llegar más allá, fué cuando aún hipnotizado por lo que sus ojos veían quedo aun más perplejo y atónito, era el durmiendo y tomando la mejor siesta que nunca había tenido.
Cerró los ojos, y como en un viaje mental sintió que dormía de forma placentera sobre mantos exquisitos que lo mecían, sintió que su boca babeaba exhausta, que sus sueños eran aun más reales por la sensación inmensa de agrado, en fin; el viento también lo acariciaba así como golpean a las cortinas y estás juegan al vaivén, dejándose querer una tarde de primavera. 

Pero volvió de giro como de voltereta, pero este como creyendo en un espejismo se refregó los ojos y aún más que sorprendido con sus ojos pegados y impenetrables se vio disfrutando el algodón de azúcar más grande y sobraso.
Sí así como si el apetito fuera insaciable, gozoso con sus manos y labios endulzados por dicho gusto, alimentaba su inagotable saciedad, mientras su lengua como tirabuzón daba vueltas por dedos y mejillas llena de restos de algodón. 

Pero volvió de giro como de voltereta, pero este como creyendo en un espejismo se refregó los ojos y aún más que sorprendido con sus ojos desorbitados, alegres y a media lagrima, disfruto de los placeres más maravillosos que su imaginación quiso, sí así como en un viaje de probabilidades mágicas al descubrir.
De pronto como en cámara lenta se detuvo todo y como despertando miro por la ventanilla, se escondía el sol entre un color rosado enguindado.
Pensando un rato quedo varado y así como se despiden los barcos de los  muelles diciendo hasta pronto, este se despidió del sol, sí porque la próxima vez que se verían cara a cara, este ya no sería el mismo. 

Y como el suspiro a la sonrisa y el polvo al viento, este mientras despedía, de reojo saludaba a las pequeñas estrellas que mientras más se oscurecía el cielo; más atención le robaban y como a las escondidas jugaban al brillar. 
Más aún su mente como trompeta de orquesta perfectamente afinada nunca se calló, fueé recién cuando como en un resumen dominguero las preguntas nuevamente lo invadieron, y este como errando movio su cabeza de norte a sur sobre su eje respondió miles a la vez.

Se dio cuenta que las estrellas nunca se esconden, que simplemente son sus ojos las que no las pueden ver, invadido por el desconsuelo pero esperanzado y visionario oyó como de lejano susurro, así como con los oídos tapados en un gran salon "Nos dirigimos a aterrizar en la ciudad de Buenos Aires, por favor ajuste su cinturón, durante este momento los aparatos electrónicos deben de ser apagados, la temperatura en tierra son de 28 grados, gracias por volar con nosotros"

En ese instante solo me detenía 1 hora en tránsito para alimentar más aun mis ansias de llegar a destino, 13 horas más tarde me esperaría Aunkland y tendría que esperar 1 hora mas para arribar el vuelo que me tendría en 3 horas más en Sydney, el ansiado destino.