Íntimo nervioso


Sería ya hace un par de meses en donde deje de comerme las uñas. Tiempo atrás mis dedos reflejaban la tensión y el nerviosismo, simplemente era como al calentar agua para servirse un buen té, entre mas cerca estaba esta de hervir o cuando los acontecimientos en mi vida estaban cerca del clímax, mi intimo nervioso se apoderaba de mí, en un acto casi diabólico, desenfrenado y catalítico.

Comenzaban las ganas feroces por comerme las uñas, dejando mis dedos descarnados, como si estos viniesen de una guerra con secuelas de sangre, y mi íntimo nervioso como en acto de magia desaparecía. Imagínense a mí con la voluntad perdida arrastrándose sin ego, como las virutillas que sacan brillo a los pisos de madera.

Como los cachorros en ansias que caminan de un lado a otro en su cueva y  ven a sus padres dormir, hace ya un año atrás decidí dejar la cueva e irme en busca de mis sueños, claro está, como los conquistadores de antaño arrimado a mi barca comencé a poner proa y descubrir nuevas tierras.  

Inconscientemente lleno de gratitud o mejor dicho con la dicha hasta el punto máximo de lo máximo, he comprendido conciente del íntimo nervioso que llevo dentro, que no hay mejor futuro que el pasado y que no hay mejor pasado que el mismo futuro que en el presente se nos va.  

Miren ustedes con un pecho de guerrero y una vista de periscopio se me han ido detalles, grandes detalles e importantísimos detalles, uno muy dentro mió es el del íntimo nervioso, así es ¿Cómo comprender al íntimo nervioso que llevo dentro? Sí, al íntimo nervioso que aparece cuando quiere, al íntimo nervioso que no avisa al llegar, al íntimo nervioso que se toma vacaciones sin dar aviso a su vuelta. 
No es que le tema, pero mis pensamientos se han eclipsado al pensar que al igual que los de antaño dichosos por llegar a las indias  he llegado a las Américas. 
El problema de eso es que a mi íntimo nervioso le gusta también fumar y aunque no lo hago hace ya una semana y cuatro días, encontrar el oro de las Américas en colillas arrojadas por no querer comprar tabaco, me hace pensar si el dejar de comerme las uñas y el querer dejar definitivamente de fumar no provocaran una crisis a mi íntimo nervioso. 

¿Que tendrá entre manos mi íntimo nervioso, abrumado por perder la guerra de las uñas y viendo que la de los cigarros se le escapa de las manos? 

Estudioso, detallista y analítico, ¿No me comerá la mente mi íntimo nervioso? ¿No será que estoy metido en una trampa perversa de mi íntimo nervioso pensando que lo he vencido? 
¿No estará alimentándome y me espera comer regordete de esperanza, dormido en los laureles de mí triunfo más íntimo entre yo y mi íntimo nervioso?