Evento orgásmico, orgásmico, orgásmico


En aquella cara se rueda la película del paraíso terrenal cuando nuestros cuerpos desnudos se rodean y se aprietan fuerte, fuerte, fuerte.

Podría decirse que es un fogón interminable de dos polos opuestos atraídos chocando, chocando, chocando.

O tal vez  una montaña rusa altísima con precipicios a velocidad rítmica de dos vagones rosándose, rosándose, rosándose.

Mejor dicho es el juego de la guerra sin armaduras de los placeres más profundos buscando humedad, humedad, humedad.

Sin duda es la reclamación de los ojos persiguiéndose en los juzgados de los besos por las esquinas más íntimas, íntimas, íntimas.

Más bien es el acertijo del momento mínimo en donde te aferras para no retirarte quedando agitado, agitado, agitado. 

En la cocina


En la cocina las cebollas invitan a bailar a las zanahorias danzas que bailan las verduras,
los tomates y las lechugas se sientan un rato a compartir unas aceitunas amargas,
las servilletas y los manteles discuten quien será el próximo presidente de la nación  y las cucharas y los cucharones juegan una partida de dómino en parejas entre las ollas y los sartenes.

Las botellas y los posa velas hablan mal a espaldas de un pobre florero que hace mucho que no le ponen flores,
los cuchillos y los tenedores se dan apasionados besos con restos del último banquete,
las patatas y los huevos giran por el pasillo en el loca carrera de esquina a esquina y de muro a muro,
y el salero con la pimienta pelean y pelean por el azúcar, 
una de las más dulces y revolconas se cuenta a viva voz en el cotilleo diario entre rábanos y pepinos entre mieles y pasteles.

Los platos llenos de agua en el fregadero esperan por su baño de espuma diario,
las copas delgadas ilustres copas, brillan en soledad para acariciarse en un salud,
los saca corchos realizan flexiones de brazos y contorsiones de cuello,
la panera sirve de cama para el descanso de unos panes obesos a puntos de morir y unos pinchos afilan sus puntas augurando un cercano coctel.

Y entro yo a la ostentosa cocina sin darle aviso ni a una sandia ni menos a un melón, 
y el rebaño se queda detenido, y me miran quietos esperando que me vaya sin hacer ni un ruido, pero cuando me estoy yendo  y estoy cerrando la puerta, escucho un murmullo, vuelvo y busco con mis ojos rápidamente, lo descubro, es un vaso que se ha trisado de espanto, es un vaso que se le ha partido la vida, es un vaso que agoniza en mi cocina.

Y yo me quedo mirándolo, pensando y paseando con ojos busca respuesta,  preguntándome 
¿Por qué la cocina me esconde su secreto, que al cerrar la puerta tiene vida?

El amor una historia de saltos y puertas


La flaca abrió la puerta y se recostó sobre el marco, cruzó sus brazos y de punta el pie derecho comenzó a mover.
Nuestras miradas se pegaron, se estudiaron, estuvieron vidas hablando.
De pronto la flaca salto cerrando sus ojos a ver quien la atrapaba, cayó en mis brazos que se moldearon para esperarla.

Un día se quedo dormida en ellos, y probé sus labios lentamente rosándolos con los míos. Pareció un eclipse, una atracción de piel solanera, me imagine caminando por el rio que bañan sus deseos íntimos, pero se soltó de mis brazos como expulsada hacia quien sabe dónde y cayó sobre otros, en donde también se quedo dormida, pero el príncipe de esta historia termino bañándose en el rio de su sexo y aceptando su veneno.

Me acerqué a la puerta, y como un perdedor visionario moviendo mi cabeza acepte el destino, cerré el pasado y me quede paseando,  trepando por las paredes, esperando.

Pasaron calendarios de mano que guardas y no vuelves a ver, otros que se cuelgan en las pareces y parecen que estuvieran diciendo "Que tiempo ha pasado". 
Pero abrieron la puerta y una flaca puso sus brazos moldeados como llamando a mi cuerpo, cerré mis ojos y me lance cayendo en ellos; quedándome  dormido, sentí su aliento pegando en mi boca y sus manos se hicieron más extensas, mientras mi cuerpo más se entregaba y se enmudecía al placer del sueño de la carne.

Al despertar me resbale sin quererlo de sus brazos, dejándola sola, cayendo en otros que también me trataron de forma noble, pero esta flaca pudo pasearse por las montañas de mis deseos y contemplar las cataratas y los arrecifes; hasta que abrieron la puerta y se pusieron otros brazos como esperándola, dejándome caer solitario y quedando nuevamente solo.
  
El amor y las puertas, se dirigen por el giro hermoso de la renovación del corazón siempre latente.
Las flacas no faltan y los príncipes tampoco, buscándose y desconociendo, y entre más lo hacen más se esconden.
Los marcos por hoy pueden no se marcos, pero mañana te pondrán los brazos y podrás decidir caer en ellos, pero mañana te podrás también soltar y caer en otros, pero mañana podrás si el corazón lo decide dormir en unos brazos querendones y quedarte la vida durmiendo en ellos.
 
No se te olvide que dentro del corazón existe la soledad, 
y que dentro de la soledad existe el querer, y que dentro del querer se cuentan historias de saltos y puertas, de flacas y príncipes, de corazones y sub mundos creados por el corazón y derrumbados por el mismo"

8 am


Escucho historias del Polanco,  la Negra y el Matta.
El frio carcome los huesos y pronto serán las 8 am,
me mira por el espejo retrovisor y en sus ojos veo el reflejo de un pasado. 
El aún se acuerda de la Negra, hace poco hablaron, me dice entre sonriente y como apretando el alma.

Ella le dijo: "Me canse de esperarte", la últimas vez que hablaron, pero la última vez que se vieron pudieron haberse fundido sus corazones, pero el Matta su mejor amigo por esos años, se puso en el medio. Probablemente fue la excusa perfecta de la inmadurez sin agallas pienso yo, y como moviendo la cabeza sin saber si afirmaba o negaba mi pensamiento me termino diciendo: "Toda la vida he pensado si le tengo que agradecer o no al Matta por ponerse en el medio", ¿Al final son las cosas que tiene el destino o no?
 
Claro por una llamada del Polanco el día anterior, se acordó de aquellos tiempos, este lo llamaba para invitarlo, el fin de semana que se venía se reunirían los antiguos amigos y algunas historias más que se cuentan cuando el reloj marca cerca las 8 am.

Pero al corazón no se le falsifica la verdad


4 años duro el baile y un abrazo a media cuadra, 
de esos que son atléticos e inseparables.

Las lagrimas que se besan al juntar las caras.
Las manos que se apretujan sin perder el aire y un inevitable adiós,
y un inevitable adiós.
 
Una mirada muy por dentro y unos ojitos de estrellas,
una mirada muy por fuera, solloza y con relámpagos,
una sonrisa de un segundo, 
una cabeza afirmativa y el último beso que nunca será el último.

Un corazón en torbellino hipocondríaco y un corazón en maremoto desesperado, 
dos pares de ojos enmudecidos en tormentas con mil y una noches de llantos sin descanso,
dos manos diciendo adiós,  abiertas, extendidas y renunciadas.

Noches de cartas con lucecitas,
días de furia y te quiero olvidar,
ha pasado tiempo y no sé nada de ti.

Hay un tiempo para olvidarte, 
pero al corazón no se le falsifica la verdad,
pero al corazón por favor no se te ocurra,
falsificarle la verdad.

Habitación desesperación


Habitación desesperación muy bien sabrán que no tiene ventanas y tampoco tiene puertas,
está llena de escondrijos, de caminos sin salida, de noches oscuras y del silencio con eco que no calla.

Tiene almohadas incomodas, sabanas pegajosas y camas estrepitosas,
sillas que son roperos, roperos que son escondites, espejos llorosos y libros sin terminar que se olvidaron leer.

Habitación desesperación créanme tiene lámparas marchitas y televisores enfermos,
sombreros de la temporada pasada arrojados por donde no tiene que estar arrojados los sombreros, anteojos retorcidos de vergüenza, cojines por el suelo desolados y veladores perturbados.

Tiene pensamientos por el aire que se escapan y vuelven, tiene visiones por debajo de la cama que molestan en sus sombras y crujidos,
murallas inmensas, techos que se estrujan, zapatos sin desabrochar y calcetines maniáticos que buscan su par endemoniadamente.

Habitación desesperación no está hecha para hospedarse,
ni lo sueñes del soñar que no existe la conformidad, 

de las noches tenues y de los días soleados.
Habitación desesperación por donde la mires está llena de desesperación.      

Marinero vende el alma


Aquél marinero le vendió el alma a la mar,
navego por sus anchos pasajes impenetrables, caminos sin fin, 
torturas solitarias y amigos de los puertos que vendrán.
 
Deslumbró el delirio asesino del día, de la noche y el de la estación perdida en la ignorancia,
durmió encunado en su barca como niño tranquilo meciéndose, 
despertando aterrado y recordando  sueños de marineros que les venden el alma a la mar y se pasean de proa a popa en la litera secuestrada por un camarote mareado.  

Pasaron días, 
épocas de mares y piratas, 
relojitos de arena, 
tatuajes de anclas,
lluvias en calabozos, 
látigos sin clemencia,
loritos por la espalda y besos en los labios,
estrellas en banderas,
bombardeos desde cielo,
gritos de libertad y silencios de represión,
aguas quietas y tormentas de 12 meses.

El mundo fuera se hacía aguas y dentro se daba vueltas,
y este marinero se quedo en la mar,
y este marinero prefirió naufragar porque este sabía que en tierra naufragaría de igual modo.
 
Este marinero le entregó el alma a la mar y la mar le entregó un hogar entre olas y puertos que dicen en sus trampas,
bienvenido marinero.

Patas de fierro


Cuando pasa el patas de fierro todo se detiene para admirarlo, bandereros le saludan agitando sus banderas diciéndole en su lenguaje hasta pronto, niños se deslumbran del espectáculo que perciben sus ojos y el patas de fierro ronco con voz metálica les dice adiós.

Cierro mis ojos y me imagino con gorro y bigotes siendo el conductor con vista panorámica hacia el futuro del pasado, manteniéndome en los rieles de mis pensamientos de trenes, vislumbro el paisaje de antaño y comprendo historias que guaran los patas de fierro.

Hago sonar el silbado milagroso del aquí estoy, miro por sus pequeñas ventanas visionarias, enmarcadas del metal y comprendo que los patas de fierro pasan por el corazón del pueblo y se detienen en las estaciones de la rareza del adiós.

Miro por sus espejos y veo la majestuosidad de sus carros, la incomprensión de sus ruedas y la quietud de su armazón. 
Tantas puertas, tantos comedores, tantos asientos esperando al viajante, al viajante romántico, al viajante abatido, al viajante que entra en el alma del patas de fierro. 

En los destinos del patas de fierro se ven lágrimas apretadas por besos y sonrisas estiradas por las manos, y el patas de fierro descansa su continuidad encerrada, pidiendo reposo, 
pidiendo rieles infinitos. 

El patas de fierro pronto dejará la estación perdida y buscará su próximo destino,
con boletos de ida y vuelta o con boletos de hasta nunca más nos veremos.

Oh patas fierro, columna vertebral de los montes y ciudades, 
¿Qué escondes en tu regocijo de humo y en tu lenguaje afilado, que me tienes anonadado con tu  presencia altiva? 

Oh patas de fierro, 
sangre del carbón, 
viajas por escaleras acostadas,  
por los serafines paisajes que adornan tu presencia noble,
y yo lleno de ira te trato de alcanzar con mi imagen y no me esperas.

Ser poeta yo


Presentes destinatarios, elocuentes de la vida, domadores de sueños y calaveras encendidas.
Aquellos que son del aire, del suelo y del trombón, también los locutores, los adyacentes y los cabezas afirmativas.

Prepárense para entrar en sintonía, en la sintonía fina, en el puente colgante, en el silabario la de vida y en el juego del pecado.
Pónganse cómodos y siéntanse como en su casa, preparen ese café negro y endulcen su paladar con el giro pragmático del ser poeta yo.

Ser poeta yo mientras me mantengo en los rincones y en las esquinas, 
me es imposible, 
infinitamente imposible dejar de ser poeta.

La culpa la tienen las flores, las coloridas, las marchitas y las que quieren ser flores,
también los cepillos de dientes, esos cepillos orgullosos de ser cepillos y esos abandonados pobres despeinados agonizando.
¿Por qué no la cordillera blanca inmensa pecho de la tierra, que se poso en mi ventana para no irse jamás? 
El mar también es culpable con su oleaje sereno, 
con su hipocresía hecha horizonte y su estallido de vida en su azul pulcro. 

Ser poeta yo y no dejar de admirar es no ser poeta, 
como no atreverme a gritar de delirio ante las sonrisas de los niños, valientes, sonrientes, pequeños alegres y llorones también. 
Ante esos enamorados de la mano afirmando el cariño con esos ojos envenenados de pasión infinita, 
como dejar de lado al cielo, 
magnifica poesía viva que despierta las vistas y enorgullece a los soñadores, 
a los pájaros increíbles seres planeadores de la lejanía, 
a los perros con ojos de perro que hablan con sus ojos y a las lagartijas amigas que asolean la quietud viva.

Ser poeta yo es un laberinto sin retorno, 
una canción sin coro y una telaraña que junta los sentidos, 
me quedo detenido admirando el susurro, 
compartiendo el aire y extrayendo de mi ser los pensamientos más alocados que envuelven mi vida y me hacen sentirme poeta.

Las bicicletas abandonadas, los racimos de uva,  los cigarros mal apagados en ceniceros congestionados de tabaco, las moscas de colores,  la lluvia melancólica amiga del rayo de sol apacible, las alfombras cariñosas, las almohadas que guardan secretos, los espejos monovalentes, las peinetas que pierden dientes y se resignan al jubilar.

Pero son los balcones, los magníficos grandes y pequeños balcones los que me hacen ser poeta, las maravillosas mariposas y porque no las ventanas amigas mías son las ventanas. Las chimeneas estallando de calor, los vasos quebrados, las botellas vacías y los muebles empolvados.  
Las estrellas esas sí son las culpables, el otoñó como olvidarme del otoño,
y como olvidarme que simplemente soy poeta porque me gusta todo y amo la simplitud que esconde la grandeza de vivir siendo poeta.

Ser poeta yo, es un viaje directo al centro del centro y al extremo del extremo, no entiendo aún si soy poeta o simplemente quieren que yo lo sea.

Ojitos negros


Ojitos negros que me quieren llevar pa`lante,que me piden vivos cariño,que me miran profundos y fieles, que me hacen sonreír con miedo.

Negro son tus dos ojos como la noche más negra, pero como la más tierna de las noches me miran tus ojos,
tu cara blanca e irreprochable, tu sonrisa artística que me deja entumecido al desconocer que existía la dicha de la sonrisa,
tus labios carnosos, inflados, perfectos, inmaculadamente perfectos, 
como adoro tus labios.

Es la posesión de tu mirada oscura, 
de tu alegría blanca,
de tu ternura infinita, 
de tu penetrante ternura angelical,
la que me desea sin pestañar en ningún momento,
la que me acaricia con detalle, con quietud,
la que me hace perderme en tus ojos negros y caer en tus labios, 
ahogándome en ellos y no pidiendo rescate alguno.

Me doy cuenta que sin vuelta atrás tus ojos negros llegaron para no retirarse,
quisieron para no dejar jamás y me miran desde lejos no quitándome nunca su mirar de ojos negros,
es que están por todos lados tus ojitos negros tiernecitos, 
pidiendo espacio en mi corazón, 
aferrado a la incógnita del vocabulario del amor más sincero.

He viajado a la luna he pasado por las estrellas y me he detenido en tu cuerpo,
en la nada del tiempo me he convertido en un observador de tus ojos negros, 
los cuales parecen inmensos portales en tu cara, tormentas en tus deseos, 
y primaveras sobre las sabanas blancas adormecidas y apacibles por tus ojos negros.

Ojos negros intranquilos, inquietantes, telescopios vivos de tu vida, calidoscopios de tus sus sueños simples,
entran en mi vida cuando más lo necesito, cuando menos lo esperaba, 
cuando más lo quería.

Ojitos negros, 
delicadamente negros, 
agonizan de deseo en mis ojos tartamudos y se los llevan a pasear por los caminos que iluminan tus ojos negros.