Marinero vende el alma


Aquél marinero le vendió el alma a la mar,
navego por sus anchos pasajes impenetrables, caminos sin fin, 
torturas solitarias y amigos de los puertos que vendrán.
 
Deslumbró el delirio asesino del día, de la noche y el de la estación perdida en la ignorancia,
durmió encunado en su barca como niño tranquilo meciéndose, 
despertando aterrado y recordando  sueños de marineros que les venden el alma a la mar y se pasean de proa a popa en la litera secuestrada por un camarote mareado.  

Pasaron días, 
épocas de mares y piratas, 
relojitos de arena, 
tatuajes de anclas,
lluvias en calabozos, 
látigos sin clemencia,
loritos por la espalda y besos en los labios,
estrellas en banderas,
bombardeos desde cielo,
gritos de libertad y silencios de represión,
aguas quietas y tormentas de 12 meses.

El mundo fuera se hacía aguas y dentro se daba vueltas,
y este marinero se quedo en la mar,
y este marinero prefirió naufragar porque este sabía que en tierra naufragaría de igual modo.
 
Este marinero le entregó el alma a la mar y la mar le entregó un hogar entre olas y puertos que dicen en sus trampas,
bienvenido marinero.