Ser poeta yo


Presentes destinatarios, elocuentes de la vida, domadores de sueños y calaveras encendidas.
Aquellos que son del aire, del suelo y del trombón, también los locutores, los adyacentes y los cabezas afirmativas.

Prepárense para entrar en sintonía, en la sintonía fina, en el puente colgante, en el silabario la de vida y en el juego del pecado.
Pónganse cómodos y siéntanse como en su casa, preparen ese café negro y endulcen su paladar con el giro pragmático del ser poeta yo.

Ser poeta yo mientras me mantengo en los rincones y en las esquinas, 
me es imposible, 
infinitamente imposible dejar de ser poeta.

La culpa la tienen las flores, las coloridas, las marchitas y las que quieren ser flores,
también los cepillos de dientes, esos cepillos orgullosos de ser cepillos y esos abandonados pobres despeinados agonizando.
¿Por qué no la cordillera blanca inmensa pecho de la tierra, que se poso en mi ventana para no irse jamás? 
El mar también es culpable con su oleaje sereno, 
con su hipocresía hecha horizonte y su estallido de vida en su azul pulcro. 

Ser poeta yo y no dejar de admirar es no ser poeta, 
como no atreverme a gritar de delirio ante las sonrisas de los niños, valientes, sonrientes, pequeños alegres y llorones también. 
Ante esos enamorados de la mano afirmando el cariño con esos ojos envenenados de pasión infinita, 
como dejar de lado al cielo, 
magnifica poesía viva que despierta las vistas y enorgullece a los soñadores, 
a los pájaros increíbles seres planeadores de la lejanía, 
a los perros con ojos de perro que hablan con sus ojos y a las lagartijas amigas que asolean la quietud viva.

Ser poeta yo es un laberinto sin retorno, 
una canción sin coro y una telaraña que junta los sentidos, 
me quedo detenido admirando el susurro, 
compartiendo el aire y extrayendo de mi ser los pensamientos más alocados que envuelven mi vida y me hacen sentirme poeta.

Las bicicletas abandonadas, los racimos de uva,  los cigarros mal apagados en ceniceros congestionados de tabaco, las moscas de colores,  la lluvia melancólica amiga del rayo de sol apacible, las alfombras cariñosas, las almohadas que guardan secretos, los espejos monovalentes, las peinetas que pierden dientes y se resignan al jubilar.

Pero son los balcones, los magníficos grandes y pequeños balcones los que me hacen ser poeta, las maravillosas mariposas y porque no las ventanas amigas mías son las ventanas. Las chimeneas estallando de calor, los vasos quebrados, las botellas vacías y los muebles empolvados.  
Las estrellas esas sí son las culpables, el otoñó como olvidarme del otoño,
y como olvidarme que simplemente soy poeta porque me gusta todo y amo la simplitud que esconde la grandeza de vivir siendo poeta.

Ser poeta yo, es un viaje directo al centro del centro y al extremo del extremo, no entiendo aún si soy poeta o simplemente quieren que yo lo sea.