Versos de calle


He subido 

He subido al árbol más grande que he encontrado sólo para mirarte y no perderte en esta lejanía,
veo como me extrañas paseando de un lado a otro y caes rendida amarrándote a la almohada, suspirando mi nombre, quedándote dormida, pidiendo poder despertar y solo verme a tu lado. 

Quiero que sepas que tú también puedes subirte al árbol más grande que encuentres, y verme a lo lejos como voy en busca yo de arboles que me acercan más a tu lado, y que me hacen mantener la esperanza en la sequía de tu presencia.

¿Qué mira usted caballero?

¿Qué mira usted caballero?
¿Dónde ha dejado los ojos?
¿Dónde ha puesto la mirada?
¿Dónde están vagando sus pensamientos?
¿Dónde transcurre su vida?
¿Dónde esconde esa mirada fija, que no me deja de mirar?

Mis ojos 

Por todos lados hay ojos que miran y otros que se cierran para no mirar,
bondadosos son aquellos, que saben apreciar y que saben disimular.

El lenguaje maestro lo tienen los ojos,
el lenguaje perverso lo tienen los ojos. 

Mi lenguaje son mis ojos,
estos hablan el lenguaje callado de las mil y una formas,
el lenguaje fantasioso, 
el lenguaje del futuro y el lenguaje que penetra. 

Mis ojos no mienten, mis ojos son los ojos de lo que yo he mirado, 
mis ojos le pertenecen al mundo, porque son creación de todo lo que me rodea y todo lo que quiere que yo lo mire.                                                                                                     

Ruedas 

Me gustan como giran las ruedas,
como giran y giran me gustan las ruedas de autos y  las de carretas.
Me gustan como giran las ruedas de camiones, de bicicletas y me gusta como giran las ruedas de todo lo que tiene ruedas.
Estas giran y me gustan como dan vueltas y vueltas,
como caminan y como lo hacen al caminar,
como persiguen a las de delante y como se quedan quietas para volver a girar. 

Si yo tuviera ruedas tendría ruedas chiquitas,
engrasadas serian mis ruedas,
y me gustaría mirarlas mientras me llevan las ruedas y que estas giren y giren por los caminos. 

Me detendría solo para mirar cómo se detienen y como vuelven a girar permaneciendo quietas y yo moviéndome en el tiempo.

El tío Hilario 

Nunca me he equivocado dijo,
y se ha mandaba al hilo más de las que se mandan los poetas.
Una vez cayó de lo alto y todo el mundo preocupado, pero él sabía cómo caer.

Todos hablaban a su espalda,
que este señor aquí, que este señor acá,
que dijo, que no dijo y nadie lo quería llevar y todo el mundo lo evitaba. 

Qué manera de hablar huevadas este señor.... ¿Tendrá alguna enfermedad?
Si podría haber sido campeón de los cien  metros planos en su juventud y tener el récord mundial por esos años....
Y si no fue un gran pescador, fue porque era el más grande de los cazadores. 

Yo me pregunto intrigado......
¿Se habrá puesto de acuerdo la gente para no creerle nada,
y el único que dice la verdad es él, el famoso tío Hilario?
 
Pailón jefe 

Bien alto el pailón con la retaguardia atrasa,
se cree jefe el muy lindo, pero de esos jefes que están llenos de estrellas y no de esos que son amigo, del amigo del jefe y no saben na.

Es que me mira muy pa´ abajo,
es que todo el día me siento observado,
y al final de cuentas el que más trabaja es el que menos gana.

Algún día me gustaría ser como mi pailón jefe,
de seguro que yo haría las cosas mejor,
de seguro que todos estarían contentos que yo fuera el jefe,
nadie estaría hablando a mis espaldas. 

Saben, yo no dejaría de ser el que soy porque soy jefe,
menos por quince veces de lo que hoy gano,
menos por unas vacaciones a Europa y esa casa que a fin de cuentas es una casa como la mía, pero mucho más grande. 

Sí, eso es lo que me diferencia del pailón de mi jefe al fin de cuentas.
Seguro que él tiene un viejo enano que es su jefe,
que lo anda mirando todo el rato y lo mira pa` abajo aunque sea enano.
Pobre del pailón de mi jefe que tiene que soportarlo y bueno, miren como son las cosas, también se cuenta que es amigo del cuñado del dueño y no sabe na.
 
Te sigo 

Me dijo: "te sigo por donde quieras"
Y nos prendimos unos Borbón de esos que toman los rockeros,
claro, presumía conocer el sabor a chocolate.

Quedo como piojo, 
pero como esos piojos borrachos, 
que le gritan al mundo hasta con la garganta y persiguen los baños y al otro día no se acuerdan de na.
Bueno yo casi, a punto, medio doblado, no borracho, pero sin vergüenza.
Solo un rockero, un verdadero rockero aguanta el sabor a  chocolate.
 
Paseíto 

Temprano como de costumbre un día domingo de enero, donde el sol golpeaba mi cara. Yo y mis millones de pensamientos acompañados al ritmo del jazz fusión que escuchaba, salíamos de paseíto; mientras las calles permanecían solitarias y un perro callejero dormía y entre abría sus ojos estirándose al escuchar mi pasar. 

Seguí algunos pasos y mire hacia atrás, el perro me seguía con su lengua afuera, moviendo la cola y mirándome con esos ojos de perro me decía: ¡espérame!

Lo miré como quien mira al no creer, y casi buscando con la mirada explicación desdije con mi cabeza y seguí mi paso. 
Unos metros más adelante me detuve en la luz roja de un semáforo solitario que un día domingo no descansa del trabajo, miré hacia un lado y sí, era él, con lengua afuera, moviendo su cola y mirándome con esos ojos de perro.
Después de pasear por la callecitas subiendo y subiendo como un ascensor con helio, me detuve en uno de esos cerros, en uno de cerros parapentes, en uno de esos que te entregan visiones.
Me senté con mis pensamientos a mirar a lo lejos, y el perro con ojos de perro, como lo hacen los perros, miraba de igual forma a lo lejos, descansaba su cuerpo y suspiraba como lo hacen los perros. 

De un momento a otro en la éxtasis del viaje interior, un ladrido despertó nuestros cuerpos adormecidos por nuestras mentes adictas,  y el perro con cara de perro exaltado miro de un lado a otro y como un resorte que cae en una cama de resortes corrió y corrió alejándose, y yo con cara de perro mientras se alejaba le dije ¡espérame!