Una madre y una hija de la mano


Estaba sentada sobre la banqueta de una plaza,
algunos niños jugaban corrían de acá para allá y el cielo entre nubes no dejaba escapar ni un rayo de sol, dejando el ambiente con un gris pastel difuminado en un celeste que dice adiós.

Hace ya un par de meses que no contenía el llanto, su mejor amigo por esos días era un pañuelo blanco que estrujaba aún más que su ego y las noches eran cada vez más traicioneras y hasta la propia almohada le pedía un cara a cara no dejándola descansar.

Caminaba muy cerca por los lares de los 25 años,
y aunque tenía más fuerza que la famosa Juana que termino juzgada, sus pasos por hoy día eran sobre los pantanos del miedo, cuando no se tiene ganas y tu vida parece un rompecabezas de un millón de piezas esparcidas por la nostalgia.

Mientras prendía un cigarro tras otro, sus piernas cruzadas, sus ojos grandes, húmedos y vivos, sólo con ganas pronto de salir al puerto del sosiego, escuchó un "mama" por detrás que la hizo unos segundos despertar y sonreír.

Hace ya unos años un poco hombre, la miró a los ojos y le dijo al odio confía en mí, que se puede hacer cuando se está enamorada y tu corazón se hace el cómplice.
Después de 12 meses le entregaron en los brazos a una niña sin padre a quien cuidar.

Mirando a su hija le es imposible no retroceder unos años en su vida y cuestionar lo que es incuestionable,
finalmente con un hondo suspiro decide sonreír, al final sacando cuentas no todo es tan  malo, la vida por muy dura que nos toque, siempre tiene ese pequeñito instante de lucidez que nos lleva hacia el pueblo llamado felicidad.

Se paró de la banqueta y se acerco a su hija, ella era una niña hermosa, con sus pelos enrulados y sus ojos impregnados de vida, se arrodillo quedando a su altura, la miró fijamente y le dijo:
"Te quiero hija, has sido lo mejor que me ha tocado en la vida", la niña sonrió, con esa risa que solo les dan las hijas a las madres,  la abrazo  y le dijo con voz de niña: "Yo también te quiero mamá y estoy segura que tú también eres lo mejor que me ha tocado y me tocará vivir en esta vida"

Un abrazo que no solo ilumina una plaza en un día nublado, hace ver un poco hacia delante con fuerza, con la esperanza de que el corazón sane lo que tiene que sanar para volver a querer, por ahora la tranquilidad deberá reinar, la angustia deberá ser sacada de raíz y nunca más se deberá olvidar que para querer, primero se tiene que querer uno mismo.
¡ Es imposible ver florecer cuando se planta sobre tierra infértil y es imposible plantar sobre tierra infértil cuando no se quiere ver florecer !
 
A lo lejos se pueden ver como se alejan de la mano una madre y una hija, pronto oscurecerá.