Vengan a ver el circo


La vida se lleva en una carpa de circo amigos míos, a veces somos payasos, nos pintamos la cara, nos vestimos de colores,  llevamos las extravagantes pelucas del tengo personalidad y somos el alma del mundo.
Otras veces corremos riesgos y somos trapecistas con esos trajes apretados y con esos cuerpos esbeltos ...no tenemos miedo... y nos enfrentamos como lo hace el hombre bala por los cielos desafiando al miedo.
¿Pero qué pasa con los malabaristas cuando estropean la perfección, con los lanzadores de fuego cuando se queman la lengua, con los equilibristas cuando dan un paso en falso  y con este mundo de magia elocuente magia si quieres verlo como magia?  ¿Pero qué pasa con la mujer barbuda cuando se mira al espejo y le gritan pretensiosa, con  los enanos y los gigantes del circo que se miran como preguntándose quién es el mas raro, o con los magos que guardan cuantas partes del mundo en sus sombreros y una de esas cartas en sus bolsillos pidiéndoles explicación del truco del abandono de una familia que no ve hace meses? 

El circo y su gran familia se llenan de vida entre la carpa y la boletería, entre los oídos .... y ¡vengan a ver el circo!
Allá está la fila directa al destino, donde se ve el boletero, un camino de globos iluminados sobre la alfombra roja de los expectantes ojos, caramelos coloridos invaden las miradas y flashes de fotógrafos por todos lados. 
Te atrapa el circo con su música y pasión, con sus diferentes suelos y te sientas ha esperar que comience la función, te diviertes, te aburres. 
El circo también  tiene su ciclo, que más da, gente de todas las rarezas, factores, pasados y futuros. Termina la función entre el humo de lo incognito, el aplauso y el recuerdo de un ayer.
Y muy por dentro en los mas intimo, ¿Quién sabe donde el payaso deja de ser payaso?, ¿Quién sabe donde los monos dejan de ser monos? Sí, al igual que los elefantes con falditas y triciclos, díganme ustedes donde se esconde el misterio de la supervivencia enmascarada, de aquel artista que ha dejado el alma en el escenario y se sienta a descansar como un muñeco de un ventrílocuo, para nuevamente ¡vengan a ver el circo! 

 Por otro lado los niños sonrientes, llenos de magia y los más adultos mirando la vida que deja de ser para dar paso a la juventud en las raíces de sus genes, porque nada, ni el mismísimo circo ni la vida termina, todo continua su curso de viento y arena, como si la vida y el circo fueran lo mismo.