Destino bendito


Llego con un ramo de rosas rojas,
ella no estaba,
se sentó a esperarla
y pasaron 100 días de luna llena.

Los primeros días
se sentó apoyándose en la puerta,
antes del último
la espero de pie.

Es que el amor dicen,
sobrepasa el tiempo,
hace ver las noches más nubladas
perfectas de luna llena.

Camino a su casa,
se auto convencía,
es que porque olvidar,
finalmente se resignaba.

Las rosas las dejó intactas en la entrada
esperando a que ella llegará, 
las viera,
ella sabría que él las dejó.  

De vuelta a  casa
trataba de comprender la vida,
sin su amada
tendría que volver a nacer para soportar la soledad.

Era joven y tenía la vida por delante,
pero el corazón es porfiado,
sumándole el recuerdo
y los sueños que quedaron por hacer.
 
Pasando por el centro del pueblo,
como avisando a sus ojos,
un cartel ofertando pasajes para un pueblo nuevo a habitar,
respiró profundo.

Boleto de ida
y no hay vuelta atrás dijo,
mientras sus lagrimas corrían por su cara,
cerró los ojos y quizás fue la última vez que pensó en ella.

Caminó a casa,
a preparar maletas,
a cerrar bien puertas y ventanas,
nunca más volvería.

Al abrir la puerta quedó sorprendido,
una papel tirado,
lo recogió y a distancia sintió su olor,
por un instante se lleno nuevamente de vida.

Te estuve esperando 100 días de luna decía
y él sin comprender quedó petrificado,
impactado ante la incongruencia del destino,
finalmente quedaban solo horas para partir. 

La ciudad se llamaba esperanza,
un tren inmenso a viaje,
tirado por la fuerza que tiene el alma,
un viaje largo y penetrante.

En su mente la nota que ella dejó,
pensó también en las rosas junto a la puerta,
se preguntó porque la vida no los cruzo,
¿Será que a veces no basta solo con amar?

Empezaría un nuevo capítulo,
la vida tiene muchos,
somos los escritores de nuestros caminos
y los mejores actores interpretes de nuestras fantasías.

A punto de partir se escuchó
"detengan el tren" a viva voz,
la gente miraba intrigada por las ventanas,
mientras el tren empezaba a tomar vuelo.

Se acerco a la ventana y corrió rápidamente,
tanto que sus pasos dejaban atrás su cuerpo,
desde la puerta estiró su brazo para ayudarla,
mientras el tren avanzaba poco a poco.

Una mujer con un ramo de rosas subió al tren
se escuchaba por los pasillos
y un hombre que la abrazó,
camino a ciudad esperanza.

El destino que antes los separó,
hoy los une,
subrayando el amor verdadero
y recordando que la esperanza nunca se debe perder.