Vestido de luto


Nos miramos a los ojos
como dos empedernidos,
transcurriendo olvidos
cercenando el miedo.

Quitábamos la mirada
en busca del no quiero,
ante el más leve intento
tropezábamos sonriendo.

Tú me sonreíste sin duda
y tus ojos me hablaron,
yo me quede mudo y consumido
con mis ojos caídos.

Te busqué por todos lados
te me fuiste despistada,
me miraste sin mirarme
quedándome clavado.

Me quedé mirando solo,
como una botella vacía
perdiendo los días
y contando las noches.

Pero que tiene el destino
nuevamente nos encontramos,
nuestras sonrisas conspiraron
con los ojos como imanes.

Terminamos de la mano
como chimeneas andantes,
con la risa por delante
y los ojos como lunas.

Nos besamos sin vergüenza
con los ojos cerrados,
y desnudos abrazados
volvimos a cerrarlos.

Pasaron más de un millón de besos
y unos cientos en la boca,
mientras pasaban los sucesos
nos decidimos casar.

A las siete era la boda,
a las nueve y ya no te espero,
hasta el vals ese día se quedo plantado
y vestido de luto nunca más te volví a ver.