Aladino con falda

 
Me dio a elegir por dos caminos
de tropezón por la acera,
cuando cae la noche
y la luna entera
se dispone a discutir
de los sueños con las estrellas.

Y qué más da,
sin facultad para entender la realidad,
nos disponemos,
con los ojos cerrados
el alma entregada
y las dudas floreciendo.

La vida es así,
que en una acera te puedes encontrar,
a Aladino con falda preguntándote a dónde vas,
y tu muy sabio te haces
el audaz Juan tenorio
y de punta a cabeza mirándola
la invitas a tu hogar.

Sacas ese wisky de regalo de cumpleaños
y lo beben sin compasión del borracho,
que termino en el bar de la esquina
perdido como una golondrina,
y que no recuerda el camino a casa.

Buscando como un cuentacuentos,
perdiendo como en las guerras,
la miras de reojo
y caes en sus pantorrillas
perdiéndote en su falda,
te pierdes, 
encontrando la respuesta de la pregunta
más ingrata.

Solo dos caminos te dice al oído,
mientras tú pareces el tren expreso que recorre su cuerpo,
y te paras a observar,
le ríes y la miras más allá de sus ojos,
te haces el desentendido Judas,
y te dice bienvenido a la ciudad del pecado.

A la mañana siguiente
te despiertas sin reconocer la escena,
 una espalda te avisa como en un abismo
que has caído en la telaraña de la infidelidad,
ahora cierras los ojos
y tratas de volver a la realidad,
que hace tu saliva más amarga,
y tu conciencia más pesada que tu hombría.

Desesperadamente Desesperado


Desesperadamente desesperado
y no me digas lo siento,
si te fuiste y volviste,
si volviste y te fuiste,
como un mitómano huracán con la cola entre las piernas.

Es tan crudo y tan amargo
cuando pasan doce años
y después de seis meses llorando y llorando,
te encuentras solo.

Te miras con miedo,
con un corazón desvalijado
que con miedo al miedo,
ha perdido el don del creer.

Ha pasado tiempo
y yo,
ya no sé quien soy,
permítanme tomarme un tiempo,
de reloj de arena o de maquinita del tiempo.

Y si llega alguien que despierte este corazón
bienvenido sea,
aunque tengo miedo aún
de vivir lo vivido.   

Pero mira mis ojos
si parecen dos cometas,
con ganas  de partir
donde habita Cupido sin arco y sin flechas.    

Y que recuerde yo
sentir algo parecido
hace mucho tiempo ya,
 pero tengo miedo,
de entregarme sin resquicio
con mi corazón
y con mi vida.

Cuesta olvidar las heridas
y curar lo que parece incurable,
pero qué se yo
si lo que siento hoy
es para siempre.

Es que tengo miedo de tenerte,
perderte y extrañarte,
mirar hacia atrás y verme herido,
no encontrarme en un futuro 
abrazado a tu cuerpo,
con el miedo al miedo matándome en vida,
mientras te tengo a mi lado.

Farolito


El único farolito vivo
de la plaza de la vuelta,
queriendo caminar
a expresión de supervivencia.

Prendió su cuerpo
y sacando apoyo
en una iniciada longevidad,
pretendiendo escapar
en  lapsos donde se queda dormida la luna
y las sombras se confunden con la oscuridad.

Desgarro sus raíces 
de pilar a dos metros hacia el centro de la tierra, de árbol en árbol emboscando,
de banqueta a hojas secas explorando,
sintió la integridad
del ser libre.

Parpadeando risueña
y levantando polvo,
recorriendo lo que antes
su luz rescataba de lejos,
grito ¡Soy libre!
tan fuerte que la luna despertó sorprendida,
 alumbrando todo y
dejando a descubiertas la falta de un farolito.

Corrió deprisa
tan lejos el farolito escapando
que lo lejos queda cerca,
 sin prender luz cualquiera
y encontrándose con un sol mañanero.
A descanso bienvenido,
cerró sus ojos vencido del cansancio

Volviendo abrirlos
por la noche en la misma plaza despertó sorprendido,
con la luna durmiendo nuevamente
y dejando entre sombras la oscuridad viviente.

Un farolito que de noche  se cuenta que
pasea por las calles sintiéndose libre,
una luna ambivalente,
y un farolito sonámbulo en la plaza de la vuelta
que hace el trabajo de la luna
para iluminar las sombras que quedan pendientes.

Lo que realmente nunca se tuvo


He querido encallar
en la perfección de tus labios
y como un navegante mareado
he varado
entre tus curvas.

Son mis manos de celofán
que transpiran nerviosas
entre tu cintura y las paredes,
entre tu cabello
y tu espalda dibujada en mi cama arrugada.

Como posponer
la razón del destino,
que dejo acunando entre mis pestañas
tu presencia
y delicada propuesta.

Mientras paso a paso
cavando un agujero voy cabizbajo
 y trato de entender
que de un día a otro,
dejaste de decirme volveré.

Que injusto es el amor no,
que impensado lo sucedido,
cuando se deja engañar,
 se entrega a regalía
y se pierde lo que nunca realmente se tuvo.

Ha pujat el cabal (Ha subido el caudal)


En el balcón
me siento
a recordarte
y te imagino
llena,
como una luna
en el cielo oscuro,
hermosa,
cautiva,
solitaria,
teniendo tus días,
teniendo tus días.

Queriendo irte a buscar
me impulso
hasta la punta
mas alta
de la cordillera,
a ver si  puedo
verte desde lejos,
a ver si puedo
verte desde lejos.

Te busco
y mi mirada me engaña,
porque estas presente
en todo,
porque estas presente
en todo
y me es imposible
dejar de pensarte
mientras te extraño
y no consigo entender porque
el amor tiene que doler para ser realmente amor.

Te escondes
cerca del rio Turia
y desde el sur de los andes
veo que ha subido su caudal,
veo que ha subido su caudal
y me pregunto yo
por donde andarán tus pasos
que hoy  la capital
ha despertado nublada.

Llego a respirar
cerca de tu cuello
y es el viento
y es el viento
recuerdas melodías,
te das vuelta
mirando a todos lados
quedando solitaria bajas la mirada
y continuas tu paso
y continuas tu paso.

Finalmente buscas tu rincón amargo
envuelta en chocolates, magdalenas e infusiones,
quedo petrificado,
quedo totalmente petrificado
y el corazón engarrado me queda,
ya que por fin me doy cuenta
que tus lagrimas
alimentan
al Turia,
que tus lagrimas
alimentan
al Turia.