Aladino con falda

 
Me dio a elegir por dos caminos
de tropezón por la acera,
cuando cae la noche
y la luna entera
se dispone a discutir
de los sueños con las estrellas.

Y qué más da,
sin facultad para entender la realidad,
nos disponemos,
con los ojos cerrados
el alma entregada
y las dudas floreciendo.

La vida es así,
que en una acera te puedes encontrar,
a Aladino con falda preguntándote a dónde vas,
y tu muy sabio te haces
el audaz Juan tenorio
y de punta a cabeza mirándola
la invitas a tu hogar.

Sacas ese wisky de regalo de cumpleaños
y lo beben sin compasión del borracho,
que termino en el bar de la esquina
perdido como una golondrina,
y que no recuerda el camino a casa.

Buscando como un cuentacuentos,
perdiendo como en las guerras,
la miras de reojo
y caes en sus pantorrillas
perdiéndote en su falda,
te pierdes, 
encontrando la respuesta de la pregunta
más ingrata.

Solo dos caminos te dice al oído,
mientras tú pareces el tren expreso que recorre su cuerpo,
y te paras a observar,
le ríes y la miras más allá de sus ojos,
te haces el desentendido Judas,
y te dice bienvenido a la ciudad del pecado.

A la mañana siguiente
te despiertas sin reconocer la escena,
 una espalda te avisa como en un abismo
que has caído en la telaraña de la infidelidad,
ahora cierras los ojos
y tratas de volver a la realidad,
que hace tu saliva más amarga,
y tu conciencia más pesada que tu hombría.