La muerte del girasol


Se ha muerto el girasol y ha quedado mirando el suelo,
preguntándose porque la muerte le acecha
cuando mas resplandecía.

Mírenlo, ha quedado con su cara redonda, afligido,
como lámpara apagada de cuello sobre una mesita,
como viejecilla encurvada  de último suspiro,
como niño castigado en una esquina que ha perdido ante todo la dignidad.

Que desilusión más inmensa,
que pretérito más superfluo,
ha muerto el girasol, y con eso ha muerto la luz de la tierra.

Fíjense en el pobre estacionado esperando
quien sabe cual destino venidero,
y me pregunto yo, si la muerte acecha a
la vida como tropel endemoniado,
¿Qué se esconde bajo esta dualidad retorcida?.

Ayer brillamos como girasoles gozosos
y hoy nos morimos como girasoles carbonizados,
¿Por qué el mismísimo que nos dio la vida, nos da la
muerte en el circulo enigmático de las sin respuestas?

¡Ha resucitado un girasol!
y ha quedado mirando al horizonte para siempre.
Mi memoria no olvida lo glorioso de su iluminar
permitiéndole vida eterna sobre los campos de mi vida.