En el pueblo de las máscaras


El pueblo descansa tranquilo. Hoy como todos los años se ha celebrado la fiesta más importante del pueblo, donde todos los ciudadanos salen a las calles y se ponen la máscara que ellos creen que menos los representa.
Se ha visto de todo, desde el alcalde con máscara de ladrón, hasta el párroco de la iglesia con máscara de diablo e incluso al anciano más longevo con máscara de bebe recién nacido. 
 
Todo el mundo se ríe, baila al compás de la música, bebe teniendo cuidado del abstemio que lleva máscara de alcohólico, del bonachón que lleva máscara de malandrín y del médico que lleva máscara de asesino, pero todo el mundo en el pueblo de las máscaras está feliz, nadie discute con nadie, todo descansa en un increíble equilibrio. 
 
A la mañana siguiente al despertar el pueblo, todo vuelve a la normalidad habitual, ósea, todos los ciudadanos, y al contrario de la noche anterior, llevan la máscara que ellos creen que más los representa.
Con esto lamentablemente empiezan los problemas en el pueblo de las máscaras, comenzando por así decirlo, el desequilibrio o la imperfección de la perfección viviente, ya que todos son lo que creen ser o lo que mágicamente el pueblo les dictaminó en el sueño de la vida.
Por ejemplo, el mentiroso del pueblo hoy lleva máscara de mentiroso, y nadie le cree ninguna palabra de lo que dice, muy por el contrario de la fiesta de la noche anterior, donde con máscara de parlador de la verdad, la gente lo rodeaba para escuchar sus magnificas historias, que a decir verdad, se cuenta por ahí no son nada de falsas.
Solo recordar un detalle, en el pueblo de las máscaras todos llevan máscaras, pero el día de la fiesta, es sorpresa.