Conspirados


Me miraste desde lejos al llegar,
como quien mira envenenando dulcemente.

Y no me quise mejorar jamás,
de la profundidad de tu ojos.

Mientras te acercabas inmaculada,
preparando tus labios para los míos y mi lengua esperaba temblorosa.

Me tomaste de la mano,
como cual prisionero quedé yo.

Y no me quise escapar jamás,
de la trampa que impusieron tus dedos.

Mientras ellos jugaban conociéndose,
les alimentabas el deseo sugiriéndoles una palma a disposición  de los roces.

Me abrazaste desde el cuello,
como quien cuelga arrimándose ante un precipicio. 

Y no quise desprenderme jamás,
de tu cuerpo ante el mío.

Mientras me apretabas sigilosamente respirándome al oído y mi cuerpo se entregaba con destino próximo a tu habitación.

Me guiñaste un ojo enjaulándome con tu ceja,
buscando mi complicidad.

Y no quise ponerte en duda jamás,
aproximando mis labios sobre tu cuello de aroma dulzor.

Mientras me llevabas más allá de la puerta y te desplomabas entregada sobre el rojo de la cubierta de una cama esquinada.

Me miraste rendida por última vez,
antes de cerrar tus ojos y expirar el último agito.

Y no quise quitarte de mí vista jamás,
permitiéndome hacerle guardia a tus sueños.

Mientras tu sonrisa de plegaria al despertar,
me cercenaba el alma ante tan bella innovación de tus labios.