Corchos perdidos y probabilidades


De muy pequeño incurrí en el misterio del corcho de la botella de champagne, así es,
como un mesías que arremete en medio de una ceremonia y más preocupado de este que del contenido espumoso y glamuroso, mis actos y pensamientos se centraban en buscar respuesta al viaje que hace el oprimido al ponerse en libertad.

A mis actuales 28 años, se han puesto en libertad ante mis ojos creo yo, un promedio de, y seamos responsables por favor, que mi esófago está escuchando, unas tres botellas al despedir el año, otras tres si algún conocido me quisiese invitar a su matrimonio, una o dos si algún amigo en su cumpleaños quisiera ponerle alguna cota de clase a sus años, y otra más por ahí aparecida ante la ausencia de botellas de otros licores más comunes, en fin, creo que haciendo un promedio bastante honesto, al año serán unas 7 botellas, siempre cuando el año sea vasto de eventos y unas tres si es un año digámosle normal. Es decir, creo yo que fácilmente he visto el acto de inconexión cien veces a lo largo de mi vida.
¡Sí, cien veces! y cien veces la misma pregunta en mi cabeza ¿Dónde se ha ido el corcho? Y probablemente también cien veces la misma respuesta.