Sofá dulce sofá


Tranquilo,
permanece el sofá negro
ante el peso de los cuerpos
invadidos,
invadidos por la simpatía
de una estufa fiel
que mira a una manta de manera
desafiante,
desafiante por el orgullo
de calentar una habitación de paredes grises
que se molestan,
con unas ventanas de cortinas
aplazadas,
por una ciudad
que hoy se ha despertado tarde
gritando con furia
“déjenme dormir”