Presto


Límpiate los oídos
con un palo borracho
casi en un acto masturbatorio,
excítalo al refregar
sus espinas con los bordes
de tus canales,
es hora de escuchar
y no vivir
con las alas
plegadas,
con la alerta
adornando
tu carne y
con el cerebro
frito
en los
sartenes
donde esperan
los que
no quieren escuchar,
alimentando
a los vivarachos
sin cara,
con
lengua eléctrica
y corazón
de espalda,
que te dan mano
de cinco bocas
y te van devorando
poco a poco.

Adán el verdugo que llevamos dentro

  
Siete miedos han caído
sobre los hombros de
Adán,
el verdugo
que los envía con sus
ojos
de taladros
al edén.
Culpa tiene por el miedo
de ser mono
o súper hombre,
pisa cabezas
y no mira atrás,
dispara abrazos
de medusas
cerrando
los ojos
y se queda solo,
se queda solo
ahorcándose con sus
manos
llenas
de sangre
de frutas
podridas.

Poemas semi corto de agradecimiento


Si tu eres mi musa,
como me atrevo
a dividirte en versos
sacándote rimas
y no me atrevo
a llamarte simplemente María.
Sí, 
María,
sin puentes
y sin entornos
repitiendo
una y otra vez
María,
sintiendo como cada letra
es parte del todo
del todo que me rodea
y lleva tu nombre.

Tendedero


Una y otra vez,
siempre lo mismo.
Hoy
se ha vestido
con siete pares de calcetines,
un pantalón de pijamas,
tres camisetas, cuatro bragas
y tres calzoncillos.
Pero no,
no logro entender
porque
un mantel,
le dice un
cocodrilo colgado a otro.

Dos mundos


Existen
dos mundos
sobre la tierra,
los cuales están divididos
por un cortina
blanca
que cuelga
sobre en mi ventana.

Lámpara


Un calamar
cuelga
sobre el techo,
está vivo
seguro
que está vivo,
tiene seis
brazos
y seis soles
que prende
por la noche.

Frío y calor


Frío,
frazada congelada
que ha viajado desde polo
sujetándose de mi
fuerte y fuerte,
pasando este invierno
frío y frío,
pero derritiéndose
a medida que
llega el sol,
me causa
calor y más calor.

Sombrero


Digámosle triste,
pero orgullosamente colgado
como fruto de una anoréxica percha.
Hoy no habrá paseo,
ni coqueto
en lo alto
como pico de
montaña,
ni sutil
mariposa
que se detiene
reposando
sobre una
cabeza,
sigue esperando
discreto,
aun no cae
resiste y resiste.
entre lagrimas de polvo
y lagrimas de tela.

Limones y cebollas


Simplemente
para tener espacio
entre unos
ácidos personajes
que pensaban que eran de oro
por vestir de amarillo.
Se vistió de seda
tantas veces
que tuvo que
bañarse en cobre
y hacerse un moño….

Tus pies


Tus pies
son las
raíces
de
mi
hogar
más
intimo,
el
cual
desconoces
por completo.
Era tuyo
y te lo he robado,
ahora es mío
y no te lo devuelvo.

Tu pelo


Tu pelo,
mar de oro
de olas
que nacen de tus manos…
El viento pega,
salpicas amarillo
coloreando,
mientras
tu arena  
absorbe
y tu
marea
cambia.


Tu mano


Tu mano,
araña
de cinco patas
con tacones
y puestas de sol,
se perfila,
retrocede eternamente,
descansa,
muerde mi mundo por instantes
que palpita,
se oscurece
entregando
sus explanadas
sus montes
y sus riquezas.

Fideuá


En el medio
esta la mosca
volando y volando,
buscando pistas
de aterrizaje
en el país
donde la fideuá
viajo a las tripas,
pero el aroma
presente en el ambiente
la hace darse vueltas y vueltas
a la golosa,  
en un acto hipnótico
para mis ojos
mareándome y mareándome.

Pistolas aterciopeladas


Se miran de frente como pistolas aterciopeladas
y es mejor estar así que masticar las arañas
que cuelgan en los rincones donde alguna vez estuvieron
llorando penosos pidiendo rescate.

El capuchino perfecto espera en la mesa,
espumoso, haciendo lenta erupción en una tasa,
cuidado,
cuidado con los detalles…
El temperamento
es más frágil que los castillos de arena
que florecen en temporada estival…
Constantemente se están intimidando
con sus cañones
que duermen    
hasta las risas,
buscando el momento para acercarse
a la sien
y lanzar disparos desde un corazón
errado,
estrictamente preparado
para un duelo
sin muertos,
pero lleno de heridos.

Que culpa tienen las pistolas,
de pistoleros agobiados
por gatillos
apretados
en el Western sentimental…
Porque hay pistoleros
que se miran al espejo
de la mentira
y llevan pistolas
para no desvanecer
la imagen…
Cruda imagen,
de pegatina sin pegamento
de huevo sin yema
de superhéroe entristecido
o de autoestima derrumbada
por soplidos de una hormiga.

Yo he visto pistoleros
que se suicidan
ante mis ojos
y otros  
que disparan con los ojos cerrados
a muchedumbre
de otros tiempos.
“Deja la pistola en casa,
las armas
las carga
el miedo”


Remembranza


Estaban todos hace veintidós años, mis abuelos, mi hermana y mis padres, era domingo, y hoy hemos salido de paseo. El sol pega fuerte y el verde del césped pareciera que ese día fuese más que verde, hogareño, pulcro e incuestionable.

El maletero amplio de un auto gris de origen alemán, prestado por la empresa donde mi padre trabajaba, nos permitía llevar la silla de ruedas de mi abuelita, ya hace unos años la hemiplejia le había quitado su lado izquierdo, bueno mis recuerdos de ella son siempre en su silla de ruedas y en mi mente no se alberga la imagen de verla caminar a solas.

Recuerdo la fotografía como si la tuviera en mis manos en este preciso momento y me trasporto al preciso instante, ampliando la misma en dimensiones superiores precisamente dictadas por mi recuerdo.

Yo y mi hermana somos niños, y nos comportamos perfectamente como niños, un poco por allá, un poco por ese lado, revoloteando y revoloteando, y mis padres parecen simples espectadores dejándolos a ellos, a mis abuelos, ser los protagonistas.

En el momento preciso en donde la cámara fotográfica se dispone a capturar dicho instante, el sol no queriendo estar ausente, presto sus mejores rayos, alumbrándolos a ellos dos como si estuvieran en una gran escenario, convirtiéndolos por así decirlo en ganadores de la mejor escena romántica de día domingo, dentro de los premios que otorgan mis recuerdos y que guardo tan vivamente.

Mi abuelita lleva un vestido azul con pequeñas flores perdidas a la distancia, unas botas de color grisáceo y un bolso a juego del mismo color.  Se ve realmente hermosa, sí,  perfectamente hermosa,  con su cara maquillada y su pelo corto ondulado, en resumidas cuentas como se dice por ahí “de punta en blanco”.  Mi abuelito por otra parte lleva unos pantalones marrones, con unos zapatos negros que dicen aquí estoy presente, una camisa blanca de magas cortas bien ordenada, unos anteojos cuadrados, su bigote característico y tan bien puesto en su cara, y su pelo negro, químicamente cerrándole las puertas a la vejez, que carismático que era mi abuelito.

“Los dos miran a lo lejos, de grandiosa forma afable, tranquila y mágica, misteriosa y precisamente al mismo lugar, que íntimamente mi abuela en su silla y mi abuelo atrás llevándola comparten”