Pistolas aterciopeladas


Se miran de frente como pistolas aterciopeladas
y es mejor estar así que masticar las arañas
que cuelgan en los rincones donde alguna vez estuvieron
llorando penosos pidiendo rescate.

El capuchino perfecto espera en la mesa,
espumoso, haciendo lenta erupción en una tasa,
cuidado,
cuidado con los detalles…
El temperamento
es más frágil que los castillos de arena
que florecen en temporada estival…
Constantemente se están intimidando
con sus cañones
que duermen    
hasta las risas,
buscando el momento para acercarse
a la sien
y lanzar disparos desde un corazón
errado,
estrictamente preparado
para un duelo
sin muertos,
pero lleno de heridos.

Que culpa tienen las pistolas,
de pistoleros agobiados
por gatillos
apretados
en el Western sentimental…
Porque hay pistoleros
que se miran al espejo
de la mentira
y llevan pistolas
para no desvanecer
la imagen…
Cruda imagen,
de pegatina sin pegamento
de huevo sin yema
de superhéroe entristecido
o de autoestima derrumbada
por soplidos de una hormiga.

Yo he visto pistoleros
que se suicidan
ante mis ojos
y otros  
que disparan con los ojos cerrados
a muchedumbre
de otros tiempos.
“Deja la pistola en casa,
las armas
las carga
el miedo”