Presto


Límpiate los oídos
con un palo borracho
casi en un acto masturbatorio,
excítalo al refregar
sus espinas con los bordes
de tus canales,
es hora de escuchar
y no vivir
con las alas
plegadas,
con la alerta
adornando
tu carne y
con el cerebro
frito
en los
sartenes
donde esperan
los que
no quieren escuchar,
alimentando
a los vivarachos
sin cara,
con
lengua eléctrica
y corazón
de espalda,
que te dan mano
de cinco bocas
y te van devorando
poco a poco.