Remembranza


Estaban todos hace veintidós años, mis abuelos, mi hermana y mis padres, era domingo, y hoy hemos salido de paseo. El sol pega fuerte y el verde del césped pareciera que ese día fuese más que verde, hogareño, pulcro e incuestionable.

El maletero amplio de un auto gris de origen alemán, prestado por la empresa donde mi padre trabajaba, nos permitía llevar la silla de ruedas de mi abuelita, ya hace unos años la hemiplejia le había quitado su lado izquierdo, bueno mis recuerdos de ella son siempre en su silla de ruedas y en mi mente no se alberga la imagen de verla caminar a solas.

Recuerdo la fotografía como si la tuviera en mis manos en este preciso momento y me trasporto al preciso instante, ampliando la misma en dimensiones superiores precisamente dictadas por mi recuerdo.

Yo y mi hermana somos niños, y nos comportamos perfectamente como niños, un poco por allá, un poco por ese lado, revoloteando y revoloteando, y mis padres parecen simples espectadores dejándolos a ellos, a mis abuelos, ser los protagonistas.

En el momento preciso en donde la cámara fotográfica se dispone a capturar dicho instante, el sol no queriendo estar ausente, presto sus mejores rayos, alumbrándolos a ellos dos como si estuvieran en una gran escenario, convirtiéndolos por así decirlo en ganadores de la mejor escena romántica de día domingo, dentro de los premios que otorgan mis recuerdos y que guardo tan vivamente.

Mi abuelita lleva un vestido azul con pequeñas flores perdidas a la distancia, unas botas de color grisáceo y un bolso a juego del mismo color.  Se ve realmente hermosa, sí,  perfectamente hermosa,  con su cara maquillada y su pelo corto ondulado, en resumidas cuentas como se dice por ahí “de punta en blanco”.  Mi abuelito por otra parte lleva unos pantalones marrones, con unos zapatos negros que dicen aquí estoy presente, una camisa blanca de magas cortas bien ordenada, unos anteojos cuadrados, su bigote característico y tan bien puesto en su cara, y su pelo negro, químicamente cerrándole las puertas a la vejez, que carismático que era mi abuelito.

“Los dos miran a lo lejos, de grandiosa forma afable, tranquila y mágica, misteriosa y precisamente al mismo lugar, que íntimamente mi abuela en su silla y mi abuelo atrás llevándola comparten”