El típico caso del treinta dos


- Diga treinta y tres.
- Treinta y tres.
El doctor Ben Perley con cara de sin respuestas, acomodaba la parte superior de su estetoscopio para oír mejor.
- A ver ahora respire, retenga el aire unos segundos y exhale. Mmmm,  otra vez por favor……… Mmmm, otra vez por favor…….
-¿Está todo bien doctor?
- Un momento, a ver ahora, diga treinta dos.
- Treinta y dos.
-Mmmmm, como me lo imaginaba, el típico caso del treinta dos.
- ¿Como el típico caso del treinta y dos doctor?
- Usted no se preocupe, le voy a recetar un medicamento del cual se tomará su totalidad al llegar a casa, pero mucha atención con esto, se lo debe tomar al llegar a casa y antes de hacer cualquier cosa.

Este es supuestamente el dialogo que mantuvo el doctor Ben Perley con Williams Bortz, soltero de 35 años, abogado y titulado con honores en Lawyer´s City University, oriundo de un pequeño pueblo del este del país que nunca imagino que el caso típico del treinta dos le pegaría tan fuerte. 

Amigos de Williams relatan que era un hombre callado, bebedor de cerveza y que aunque a su familia la tenía lejos, este era muy apegado a ellos, “Incluso les llamaba todos los días domingos” relato Peter Adams, quien concluye diciendo “Con Williams esa semana habíamos quedado para ver el fútbol y beber cerveza, como no contesto a mis reiterados llamados, pensé que había cambiado de planes, no lo vi extraño, ya lo había hecho un par de veces, lo que si me pareció extraño fue que no me llamara en toda la semana, bueno después fui  a su casa y encontré el cuerpo”.

Su madre Margaret  Depaulis cree que todo comenzó después que Williams fue al médico. “Ese día me llamo y lo note extraño, bueno además era día martes a eso de las doce de la noche o bueno miércoles por la madrugada. Recuerdo su voz que temblaba, me contó que tras visitar al médico, el señor Perley no podía dormir y bueno algo de un treinta dos,  yo sin poder hacer nada y menos comprender lo que me decía, le pedí por favor que se calmara, no me supo explicar que le pasaba en realidad, si me dijo eso si, que no creyera en nada de lo que dijeran, eso fue lo último que escuche de él,  me preocupé y lo llamé al día siguiente, pero nadie me contestó”.

El comisario Steve relata un poco lo que sus ojos vieron al entrar en la escena, “Recibimos una llamada de su amigo Peter Adams que explicó que estaba muy preocupado y que ante una supuesta desaparición, forzó la puerta y encontró a Williams en esas condiciones”.
“Al llegar a la escena no podía creer lo que estaba viendo, su ordenador estaba encendido, él  estaba frente con sus ojos más que abiertos, con su mano derecha aún agarraba el ratón,  estaba como petrificado, parecía una verdadera estatua, pero sus ojos, eso fue lo que más impacto me produjo, los tenía completamente fuera de su sitio, pareciera que algo le hubiera asustado".

Aún la muerte de Williams es una incógnita y un caso abierto para el típico caso del treinta dos,  peritos eso sí ya esclarecieron que han podido determinar que por la posición de la mano derecha,  la sangre coagulada en esta y las horas que llevaba el ordenador encendido, Williams había estado más de cinco días frente a su ordenador, lo extraño comentan, fue tras analizar el historial de su buscador de internet, el cual reflejó que  Williams había estado visitando solo páginas del polémico caso del treinta dos y aún lo más fuerte es que solo visito tres diferentes.
La primera, de una reconocida revista científica que titulaba “Caso típico del treinta y dos, la enfermedad del mañana”. La segunda, la pagina personal de un prestigioso doctor, que titulaba “No deje que el treinta y dos entre en su vida” y por último una página que la policía aún está investigando y señalan que lleva más de dos años cerrada.
Por otra parte datan que su muerte fue en la madrugada del día miércoles, mismo día y hora que hablo con su madre. Sin duda un caso del todo por esclarecer, con muchas preguntas que resolver aún y mucho que saber de una enfermedad que es un completo misterio y que personalmente espero no vuelva a dar que hablar.