He llegado atrasado por culpa de



Un calcetín
colgado en los tendederos altos del viento,
en esos edificios siameses
vecinos de sonidos
amigos de olores
cómplices del sentimiento
con murallas por respeto
a los limites del cuerpo.

Pero no se le olvida
y se recuerda
en los cajones
de culebras de algodón,
que se rehúsan a arropar
y se meten al rincón
no queriendo ver la luz.

Es que cuando ves su par
te das cuenta
que has perdido
el antojo de los pies
por vestir
a un amigo.

Viva la rebelión
que pide explicación
de la desaparición
del rey de los pies…
Es que cayó
gritando:  ¡sálvenme!
y nadie acudió
en su ayuda,
solo el viento acompañó
 su destino incierto...