Decapitación por culpa de los pensamientos


Tenía cabeza de globo terráqueo
y no por tener el cuerpo pequeño
sino por pensar
y caer en el ejercicio continuo
del verbo en todas sus formas,
pobre mi cuello que no dio más y se derrumbó
dejando caer mi cabeza por los suelos,
la cual tuvo un forzoso aterrizaje
y quedó desparramada,
me sentí desnudo,
mis mejillas se colorearon
y sonreí,
como quien lo hace al sentirse
descubierto,
es que eran mis pensamientos
los que estaban bañando
al vecindario,
mis más íntimos pensamientos.

La multitud me rodeaba
y se escucharon cosas como:
¡Allá va la desdicha!
¡Allá va el amor!
¡Allá va la locura!
¡Allá voy yo! Grité  ¡Allá voy yo!.

Cerré mis ojos creo yo por
un par de horas de lamento,
hasta que oí que dijeron:
“Está muerto…. no hay nada que hacer, está muerto”.
Los abrí cuando fui abrumado por el silencio
de la tierra que recupera lo suyo,
busqué mi cuerpo por todos lados
para encontrarlo
en un remolino de muerte,
y por más que intenté pedirle
que se levantara
y juntara al ser
que los pensamientos separó,
este no lo hizo.

Fue,
cuando comencé a llorar
y el oleaje triste me llevó
a las alcantarillas de la luz,
que entre sus auténticos barrotes
mostraron mi cuerpo levantarse,
caminar en dirección desconocida
y ni siquiera mirar hacia atrás.