Domingo con relámpagos


Que el libro se quede abierto y en el mismo sitio,
que el sofá no pierda su arrugues,
que la lamparita no se deje de prender a eso de las nueve con el noticiario,
hasta buenas noches yo me voy a dormir……

Se escucho:
¡Abuelita!, ¡Abuelita!, ¡Abuelita!
con eco pasando por la vísceras de la tierra,
un domingo de relámpago en el barrio
y una niña que pedía explicación,
mirando al cielo
sobre el cuerpo que abrazaba
y no paraba de llorar.

Dejo a todos sin aire,
asfixiados del recuerdo
tan propio y viviente,
tragando esa amargues
 y recogiendo el alma,
que parece que saliera disparada
ante la impotencia del desentendimiento
más cruel que te custodia la vida entera,
impago de respuestas
coleccionamos escaleras
y seguimos llorando
como fuentes inmortales
destinadas
a la rebelión.

Nuestro corazón
tiene dentro un corazón
que se pone triste
cuando la cabeza
decide recordar,
es que no hay comprensión,
solo existe el ¿Por qué?
y el silencio mas frio
como respuesta.

Nos quedamos impagos,
caminamos y caminamos,
nos aliamos a la memoria
buscando vida como un mago
busca dentro de su sombrero
una paloma que ha volado alto,
lloramos
y volvemos a llorar
para reír y expirar resignación,
no habiendo bruma
no habiendo sol
ni menos habiendo un Dios
que valga tal distanciamiento.