Linea 1 del metro dirección tristeza


Haciéndole un pulso al minutero
y con los pensamientos en su décima potencia
mis ojos, como de sorpresa llega una carta en la cual no dice la palabra “pagar antes de”,
proyectaron en el reflejo a mi derecha una señora con los ojos perdidos en agua,
los ojos en agua y la frente en presencia
el cuerpo en destierro y el alma,
el alma se le escapaba por la boca y ella
con su mano que estoy seguro que se movía triste la devolvía a sus adentros renegándole la salida.

El señor de zapatos extraños no la miró, siguió perdido ante los muslos juveniles de la muchacha que se sentaba de frente a él, el estudiante concentrado en alguna materia de interés tampoco, la mujer que leía apenas interrumpía su atención al pasar paginas y no la miró, la gente que entraba a la tripa veloz tampoco, ni el jubilado perdido en el tiempo de las ideologías, ni el policía encubierto, ni el pequeño niño que celebraba con sus ojos la grandiosidad de lo extraño, ni el trasnochador que se quedaba dormido, ni la locutora fantasma, ni los avisos publicitarios, ni los asientos vacíos y ni la estación donde finalmente  bajó la miró.
Su pena pasó totalmente desapercibida y eso que se podía oler a lagrimas interrumpidas, a descomposición de los caminos y se podía escuchar canción de corazón en sinfonía triste y gritos de reclamo revienta tímpanos.