Destino, siempre el destino




Mis pasos parecen recalar entre las casas de las hormigas
que me tienen en su mundo como al diablo lo tenemos nosotros dibujado en el cuadernillo de rayas sobre la mesita del teléfono
y yo trato y trato de no entorpecer el destino
soy bastante cuidadoso
y me conmueve hasta un alfiler.

Eso sí por ningún motivo dejo que se me cruce un gato negro sin rápidamente correr en busca de uno blanco para sanar el maleficio,
lo de la sal lo tengo perfectamente adiestrado en mi comportamiento,
nada de pasarse el salero de mano en mano.

Tengo mala ocurrencia de ser esclavo de mis acciones, un esclavo a un nivel supremo. Si voy caminando por ejemplo y piso las rayas de las baldosas, tendré que volver y hasta que no pise ninguna podre proseguir mi camino, si no algo terrible podría ocurrirme.
Me gusta mirar los aviones y mostrarles mi dedo mayor en respuesta a su molesto ruido, es que no dejan apreciar el canto de los pájaros ante el nacimiento de la familia en primavera!!!
Estoy seguro que más de algún pasajero se habrá dado cuenta y me responderá entre risas cuidando  que nadie se dé cuenta, pero la perspectiva está de mi parte amigos mios, el destino está en mis manos, pero no!!!

El destino es parecido a la carta que nunca llegó
que nunca se escribió
que soñé en algún banquillo de plaza que me escribía
alguien que nunca existió
y es el resultado
de sentirte por un segundo eterno abrasando el mundo
para quedar sentado en la silla que lleva en la familia
cuatro generaciones de melancólicos
que al sentir el crujido inevitable
sacan clavo y martillo
para dejar que el destino no haga de las suyas.