Tata Lucho


Hospital militar
zona oriente de la capital
día de visitas
por todos los sitios
la familia, los amigos
los conocidos, los no bienvenidos
los doctores y los enfermos
todos cuidadosamente distribuidos
ante mi camino. 

La maquinita de café
la multitud fumando
la multitud sentada
el televisor en mute
los pasillos artificiales
el olor a destierro
las puertas prohibidas
y las miradas de esperanza.

Escalera o ascensor
a veces no hay tiempo
y el corazón tiene boca y grita
“tu tata se nos va”.
Escalera séptimo piso
y el corazón tiene dientes
para morderte los talones,
y el recuerdo se parece a los escalones
a los siguientes
y a los anteriores
que se fusionan en el tiempo
para lanzarte como cohete al presente.

Tu tata ha muerto
me dijo mi tía al verme aparecer
por entre las dimensiones
elípticas de la vida,
aflorando los por qué
y los dolores de alma. 

Camine a la despedida agónica
para ver la muerte en sus ojos,
lo besé
lo abrasé
aún lo hago,
y en la privacidad de la habitación
lo deje partir
como luz a través de la ventana,
y antes de perderse más allá de la línea imaginaria
me dijo hasta pronto, 
mientras yo llorando y llorando
como ahora mismo lo hago
le imploraba por favor que volviera.

Alone


La voz se pierde por entre el eco
y la lluvia es solitaria, 
nunca las puntas de los pies
terminarán la carrera
y el amanecer es solitario,
la ventana del autobús
el suspiro
la niebla
y los detalles me hacen parecer más solo. 

La soledad se quedo enajenada
duerme con la boca abierta
se acurruca en los muros fríos
y se parece a las olas
que rítmicamente se acercan
cubriéndome con su mando luminoso y elegante. 

Desde la montaña más alta
se pueden comer nubes
e incluso masticar delirio, 
pero yo no quiero estar solo
yo quiero ser el caracol que se alimenta de las rosas
el perro que lame los pies
el duende que se esconde detrás de los maseteros
y el espantapájaros que se enamoro de la luna.

Sí,
yo quiero ser caracol para construir carreteras
perro para enseñar fidelidad
duende para bañarme en la tierra
y espantapájaros para salir de compras un día de rebajas.

La soledad invadió  la sombra
para dejar en silencio la ciudad
los gritos más elocuentes
ya no rompen vidrios
y la sangre lentamente
se va perdiendo por el horizonte,
mientras los ojos
se quedan como rocas
prisioneros en la arena.

Muerte cósmica


No olvides la prueba de la monedita
al comprobar si la cama está bien tendida,
pero no te quedes perdido
ante el rebote drástico
ni menos encandilado ante el constante.

El tiempo sin vergüenza pasa
la mente no consigue dar con el embustero
la coincidencia va ganando la carrera
y los cuerpo desnudos perfectamente fabricados
ya los venden en los supermercados,
también los ojos de colores
y los manuales para el corazón.

La sonrisa no la venden
ni la hemos extraviado,
nos la han robado.
Imploremos,
para que no te tapen con tierra
y te dejen a oscuras
ni menos te quemen lentamente
llorando humo y transpirando cenizas.

Despierta de una vez
al habitante que vive en tu cabeza,
al que le cobras el arriendo diariamente
de un lugar infestado
de pensamientos ajenos
moralejas memorizadas
y reacciones en cadena.

Déjale ver el mundo, 
desde la luz de tus ojos cerrados
hasta el yocto que te rodea
desde el milagro de la sinapsis
hasta el viaje del alma
desde la máxima vibración
hasta el silencio del amor, 
llenándose de luz
para parecerte al sol
y morir iluminado.