Muerte cósmica


No olvides la prueba de la monedita
al comprobar si la cama está bien tendida,
pero no te quedes perdido
ante el rebote drástico
ni menos encandilado ante el constante.

El tiempo sin vergüenza pasa
la mente no consigue dar con el embustero
la coincidencia va ganando la carrera
y los cuerpo desnudos perfectamente fabricados
ya los venden en los supermercados,
también los ojos de colores
y los manuales para el corazón.

La sonrisa no la venden
ni la hemos extraviado,
nos la han robado.
Imploremos,
para que no te tapen con tierra
y te dejen a oscuras
ni menos te quemen lentamente
llorando humo y transpirando cenizas.

Despierta de una vez
al habitante que vive en tu cabeza,
al que le cobras el arriendo diariamente
de un lugar infestado
de pensamientos ajenos
moralejas memorizadas
y reacciones en cadena.

Déjale ver el mundo, 
desde la luz de tus ojos cerrados
hasta el yocto que te rodea
desde el milagro de la sinapsis
hasta el viaje del alma
desde la máxima vibración
hasta el silencio del amor, 
llenándose de luz
para parecerte al sol
y morir iluminado.