El muerto


El muerto se levanta
con cara de infante al volver a vivir
muerde su lengua
y felicita al universo
por la creación del paraguas
por la publicación diaria del horóscopo
y por la capacidad de soñar,
da ágiles saltos sobre los charcos
pareciendo tijera dislocada
y se acurruca junto a su sombra
para contemplar el silencio.

Su sonrisa es parecida al mes de julio
su pecho se infla al inhalar vida
la cual va regalando con cortesía y sin discriminar,
adora la perfección de las rocas
el verde de los pepinos
las cabezas de ajo
el tesón de las hormigas
y las polillas que eligieron hogar en su armario.

El muerto se levanta
como resorte disparado a Marte
nunca estuvo muerto
simplemente estaba triste
triste tan triste
que se sentía muerto,
pero hay que estar verdaderamente triste
para darse cuenta que se está más vivo que nunca,
triste de los tristes gélidos
de los corrientes
de los aptos
de los fantasiosos
de los sustanciales
de los usuarios de la envidia sana
y de los tristes autocomplacientes
que parecen un manojo de llaves
sin puertas que abrir.

El muerto se levanta
grita sacando su lengua de fuego
tiene armadura de cascara de huevo
y el filo de su espada es equivalente al de los abismos
que van dejando sus lagrimas al caer,
el muerto tiene que entender
que su sangre le pertenece a los volcanes
sus lagrimas al rocio
y su corazón a acuario,
el muerto tiene que enterarse
que está más vivo que nunca.